Vestir a los niños puede convertirse en una pequeña batalla diaria: camisetas que desaparecen misteriosamente, pantalones que ya no abrochan, sudaderas que parecen haber encogido durante la noche y un cajón de calcetines donde, por alguna razón, nunca aparece la pareja correcta.
La buena noticia es que no hace falta tener un armario enorme para conseguir que los peques vayan cómodos, bien vestidos y preparados para casi cualquier plan. La clave está en apostar por un armario cápsula infantil, es decir, una selección reducida de prendas que combinan fácilmente entre sí y cubren las necesidades habituales de cada temporada.
Además de ahorrar espacio, esta fórmula facilita las rutinas, evita compras impulsivas y permite aprovechar mucho mejor la ropa. Y sí, también puede tener estilo. Porque práctico no tiene por qué significar aburrido.









